Las ovejas negras del periodismo
por Rubén Darío Buitrón el 06/02/2012 a las 10:49 horas
Alguna ocasión, un veterano editor jefe quiso aconsejarme y decirme, con su experiencia, que ya debería quedarme en un lugar para siempre.
El secreto, me dijo, es decir sí a todo.
El hombre duró como 15 años en el cargo. Soportó que le pusieran encima otros jefes, dejó que le impusieran decisiones que debía tomarlas él, aguantó calladamente que le llamaran la atención innumerables veces -a veces de manera injusta-, esperó que cayeran aquellos jefes, tuvo muchas veces un poder fugaz, hizo alianzas estratégicas con determinados grupos en disputa con otros, dividió a la Redacción para que esta no se uniera en su contra, en fin...
Una mañana, el viejo editor jefe abandonó su puesto de un momento a otro. No dijo nada a nadie, no explicó por qué y nunca más apareció por el Diario. No dejó ninguna huella ni trascendió su paso por el periodismo. La historia se lo tragó.
Cuando me lo contaron -porque yo ya no estaba allí- pensé que, quizás, se cansó de decir sí a todo y entendió, por fin, que su consejo era absurdo porque un periodista tiene, como todo ser humano, dignidad, voz propia, criterio, puntos de vista, derecho a discrepar, capacidad de reflexionar y hacerse oír con argumentos y tesis bien sustentadas.
Recordando a ese viejo editor jefe, alguien me dijo el otro día que era "una oveja negra del periodismo". Según el novedoso concepto, una "oveja negra del periodismo" es "alguien que no dura mucho tiempo en un trabajo y que se pasa la vida saltando de medio en medio sin identificarse ni ser leal con ninguno".
El concepto, para mí, es equivocado.
Pero quiero recogerlo para mirarlo de otra manera: desde la posibilidad de que cada uno de nosotros tengamos la libertad de elegir dónde queremos trabajar, por qué queremos trabajar allí, cómo el medio y nosotros hacemos sinergia en sus objetivos editoriales e informativos, cómo los ejes y contenidos empatan con lo que creemos que es hacer periodismo de la gente, periodismo equilibrado, periodismo justo, periodismo de historias.
Así que si en esa búsqueda el periodista salta de medio en medio y se lo señala como inestable, impredecible, rebelde o inconforme crónico, no importará que lo llamen "oveja negra del periodismo".
En toda comunidad ovina, como sabemos, las ovejas blancas son miles o millones, pero las negras son la excepción.
Por eso me parece que el viejo editor jefe fue una oveja blanca del periodismo. Fue parte de la manada, en palabras de Kapucinski.
Los que buscan su propio camino y tienen la valentía de enfrentarse a la incertidumbre de empezar de nuevo son "ovejas negras".
Negras, negras, negras. Con su camino particular, con su mirada en perspectiva, con su paisaje humano, fresco y distinto, con su filosofía personal sobre el periodismo, con su pedagogía y pasión por escribir y enseñar, con su incapacidad -bendita- de agachar la cabeza y decir a todo sí.